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Recuerdos de Valladolid: una leyenda de José Zorrilla

2 junio, 2017
El Campo Grande y el convento de San José Padres Capuchinos (marcado en rojo) en el mapa de Bentura Seco de 1738.

El Campo Grande y el convento de San José Padres Capuchinos (marcado en rojo) en el mapa de Bentura Seco de 1738.

Amor, traición, duelos y el Campo Grande como escenario de la tragedia, ¿qué más necesita el pasional José Zorrilla para componer una de sus leyendas? La malaventurada historia que el poeta relata en Recuerdos de Valladolid comienza la tarde anterior al enlace entre Ana Bustos de Mendoza y Tello Arcos de Aponte. Cuando el prometido sale a la calle, se encuentra con Juan de Vargas, un pretendiente a quien Ana prometió esperar durante un año y que del que no tuvo noticias hasta ese momento.

La niña tiene asentado en otro hombre el pensamiento amoroso y ni sosiega ni come. Es su amor don Juan de Vargas que a Italia oculto fugóse por no sé qué muerte oculta en las sombras de la noche. Mas don Juan desde aquel día tan de veras ocultóse, que de su estado y persona cartas ni amigos responden.

Mientras se ultiman los preparativos de la boda, “las puertas del Campo Grande cruza a resuelto galope embozado en una capa, sobre un potro negro, un hombre”. Quiso la pluma de Zorrilla que ambos se reconociesen esa misma noche. Tello y Juan se dirigen al Campo Grande, donde se retan a un duelo por desposar a Ana quien, todavía, desconoce la vuelta del hombre por el que bebe los vientos. La tragedia irrumpe en el texto con la muerte de Juan de Vargas, espadachín superior en técnica, pero que resulta engañado por una treta de Tello. Zorrilla sitúa la siguiente escena años después del duelo. En el Valladolid romántico que conoció el poeta la actual calle Acera de Recoletos estaba ocupada por conventos, como el de San José de los Padres Capuchinos, derruido en 1860. Es, precisamente, un fraile capuchino, testigo de un atroz hecho: un hidalgo persigue a otro hasta darle muerte en el Campo Grande e, instantes después, se acerca un tercer caballero en auxilio del muerto. En ese momento es apresado y acusado de haber asesinado a quien pretendía socorrer.

Cerró el monje la ventana, la prisión injusta viendo, con voz cóncava diciendo: «Si no hay justicia, no hay Dios.»

El Convento de San José de Padres Capuchinos, por Ventura Pérez (s.XVIII)

El Convento de San José de Padres Capuchinos, por Ventura Pérez (s.XVIII)

El detenido es Tello Arcos de Aponte. Durante el juicio se declara inocente de esa fechoría pero, atormentado por la culpa, confiesa ser el asesino de Juan de Vargas. Mientras Tello se desazona por no haberse sometido a la justicia cuando mató a Juan, el fraile se lamenta sin cesar que hayan condenado a la pena capital a un hombre que, a su parecer, es completamente inocente.

Continuo presentábale su mente la ensangrentada imagen de don Tello, a quien de un crimen defendió inocente, y a quien la injusta ley mató por ello.

Tanto se obsesionó el monje con la injusta condena de Tello Arcos que comenzó a repetir sin cesar durante sus largos paseos a orillas del Pisuerga: “No hay Dios donde no hay justicia”. En uno de esos vagabundeos, mientras repetía su letanía, vio acercarse flotando sobre el agua hasta la orilla del río una balsa con el cadáver del mismísimo Tello Arcos. Cuando lo tuvo a su vera, el fraile vio que, bajo el cuerpo de Tello Arcos yacía un segundo cuerpo para él desconocido: era el de Juan de Vargas. El fantasma de Don Tello se incorporó y explicó al capuchino cómo tiempo atrás había matado a traición a Juan de Vargas:

Fantasma, ilusión o ensueño, que minucioso semeja al muerto don Tello Aponte, que finó la tarde mesma. Tornó a dudar, mal despierto y mal dormido en su vela, al ver detenida el agua y apilada en las riberas, Y en el lecho del arroyo, al nivel de las arenas, todo el cadáver de un hombre asido con su cabeza. Alzóse despavorido el monje, mas teme y tiembla cuando el cuerpo de don Tello le dice así en voz severa: -¿Conocéisme, padre? -Sí. -A que me siente ayudad. Bajo mi cuerpo mirad lo que hay debajo de mí.- Miró el monje, y con asombro halló la faz macilenta de otro a quien Tello cubría pie a pie y cabeza a cabeza.

Y, con esta confesión, concluye la trágica leyenda que imaginó nuestro más ilustre poeta en su Valladolid natal.

«En duelo injusto los dos, a traición le asesiné: no preguntéis el porqué de la justicia de Dios.»

* Recuerdos de Valladolid es una de las obras dramatizadas por la compañía Azar Teatro en la ruta homónima con la que el Ayuntamiento de Valladolid rinde homenaje a José Zorrilla cuando se cumplen 200 años de su nacimiento. Puedes ver un resumen de la visita guiada en el siguiente vídeo:

 

Más información sobre la ruta teatralizada: Oficina de Turismo de Valladolid, calle Acera de Recoletos (983 219 310).

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