Curiosidades y leyendas

La leyenda del bautizo de Felipe II

3 junio, 2020

Una cadena, la que abraza los barrotes de una ventana del Palacio de Pimentel, es objeto de una de las leyendas y habladurías más extendidas en Valladolid.  Es parada obligatoria para los turistas, que no dudan en compartirla en sus redes sociales, y una de las tradiciones que mantienen vivas los vallisoletanos casi cinco siglos después de que, supuestamente, acontecieran estos hechos.

Nos remontamos al 5 de junio de 1527. El futuro rey Felipe II va a ser bautizado. Nació el día 27 de mayo en el Palacio de Pimentel, donde descansaban en su visita a nuestra ciudad el emperador Carlos y la emperatriz Isabel.

Se dice que la norma obligaba a celebrar los bautizos en la parroquia a la que perteneciera el edificio en el que tuviera lugar el alumbramiento. Quiso la ‘caprichosa’ demarcación administrativa que la casa palaciega en la que vino al mundo Felipe perteneciera a la parroquia de San Martín.

¡Cómo oficiar tan noble bautizo en el humilde templo, cuando justo al lado se yergue la majestuosa Iglesia de San Pablo! ¡Precisamente donde se celebraban las cortes! Eso debió pensar Carlos V, poco amigo de presentar en sociedad a su heredero en un templo modesto.

Dice la leyenda que el emperador echó mano de la picardía para justificar que, si bien la entrada principal de la casa pertenecía a la parroquia de San Martín, no así la ventana que nos ocupa. La solución: cortar las rejas de la ventana para permitir la salida del infante. La cadena que cierra la ventana se mantiene en recuerdo de aquel fasto casi cinco siglos después.

Si bien es una de las tradiciones más celebradas por los vecinos, cuesta creer que un emperador tuviera que recurrir a este tipo de engaños para no doblarse a las costumbres sociales.

Una de las escenas del zaguán del Palacio de Pimentel representa el bautizo de Felipe II.

En lo que sí coincide historia y leyenda es en la comentada construcción de una pasarela de madera que conectó la casa de los Pimentel con el altar mayor de San Pablo para que la comitiva real no tuviera que tocar el suelo en ningún momento.

Fue una costumbre que instauró en nuestro país su padre. En su bautizo, celebrado en la iglesia de San Juan de Gante en 1500, ya se utilizaba este sistema, que permitía que la nobleza pudiera acceder al templo sin ensuciar el bajo de sus ropajes y ocultos a las miradas de los curiosos.

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1 Comentario

  • Reply Mercedes 5 junio, 2020 at 13:56

    Yo la conocía, nos lo contó nuestra profesora en una de las clases de historia,
    Me gusto, y siempre la memorice

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