Eventos y festejos

Pan con pan, comida de listos

16 junio, 2015

Escuela Internacional de Cocina“Preparado Restaurante Villaparamesa Tapas, prevenido Brasería Poniente”. Con este aviso comenzaba la ronda de valoraciones de la fase final del XVII Concurso Provincial de Pinchos de Valladolid, que se ha celebrado desde el pasado nueve de junio con la participación de 55 bares y restaurantes.

Veinte de ellos fueron seleccionados para someterse a la última prueba, la elaboración de siete tapas a contrarreloj y en directo. Todo un espectáculo para los estudiantes extranjeros -de Corea, italia, Estados Unidos…- que no dejaron pasar la ocasión de inmortalizar con sus teléfonos móviles las sabrosas piezas casi escultóricas que presumían también de composición estética…al igual que los miembros de jurado, que ‘smartphone’ en mano, capturaban los originales trampantojos.

Entre esos veinte finalistas estaba el Pincho de Oro, pero también los de Plata, Bronce y Cobre, y los accésit a los pinchos más vanguardista y tradicional y al mejor concepto de tapa. “Preparado Restaurante Villaparamesa Tapas, prevenido Brasería Poniente”: comienza el espectáculo.moviles

En los fogones de la Escuela Internacional de Cocina Fernando Pérez, nivel y nervios. Al otro lado de la mampara, un jurado presidido por Pablo Montero, que ha conseguido su primera Estrella Michelín como chef en LeDomaine. Y como nexo, un equipo de sala con una coordinación impecable capaz de sustituir cada servilleta y cada cubierto usado sin que el público apenas reparase en su trabajo.

juradoCada pocos minutos uno de los veinte finalistas se incorporaba a la cocina para ocupar el hueco del cocinero que estaba ‘preparado’, con siete muestras de su pincho –seis para el jurado, una para su exhibición-. Los cocineros desfilaban ante sus jueces para explicar su creación. Su sitio en la sala, justo frente a Pablo Montero, lo que intimidaba a no pocos. “Me temblaban las manos…” confesaba más de uno.

La mayoría de las propuestas recuperaban la esencia de la cultura del tapeo. Casi todas las pequeñas creaciones han sido concebidas para comer con las manos, como explicaban los cocineros al jurado. Algunos requerían de más instrucciones, como es el caso de Esturión, cuyo artífice recomienda empezar con la ensalada.

Entre sorbo y sorbo de agua – no hubo más maridaje en toda la final-, el jurado puntuaba meses de esfuerzo en pocos minutos. A cada característica se le otorgaba una puntuación del cero al diez, que después se multiplicaba por otro valor numérico según el peso de cada una. Así, el sabor era el rasgo con más peso en el sistema de puntuación (x4), seguido por la originalidad (x3) y la presentación (x2); mientras que su aplicación comercial era la menos valorada (x1). Además, no seguir el tiempo estipulado podía echar al traste una buena nota: cada minuto de demora restaba dos puntos.

Y entre sorbo y sorbo de agua, llegó el Pincho de Oro, el Pan con pan del restaurante Belmonte, aunque no se desvelase hasta diez horas después. El creador, uno de los cocineros más jóvenes de los finalistas, explicaba al jurado que era un “homenaje a los bocadillos de las madres”. La cara del jurado era de asombro al encontrarse con dos panecillos sin nada entre ellos. Un primer bocado revelaba una inesperada sorpresa que bien vale un Pincho de Oro. “Por cierto, se comen a la vez”, advertía el cocinero.
“Bueno, chicos, ¡ya está hecho!” exhalaba el cocinero junto a su equipo después de enfrentarse al jurado. Este pan con pan no es comida de tontos.

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