Personajes e historia

Marina Escobar, la mujer más retratada del siglo XVII

17 febrero, 2021


La biografía de Marina Escobar (1554-1633) es, quizá, una de las más documentadas de todas las vidas y hazañas de las vallisoletanas ilustres de su época. Sus numerosos escritos, aunque impregnados de toques fantásticos, los textos de sus seres cercanos y retratos como los que realizaron Diego Valentín Díaz y Tomás de Peñasco permiten acercarnos a su mística existencia y descubrir la fama que tuvo en vida, de tal calado que es, seguramente, la mujer más retratada del siglo XVII si exceptuamos a la nobleza y la monarquía.

Marina Escobar es conocida entre los vecinos por la calle que lleva su nombre desde 1950 (antes, calle del Candil), situada en , y por ser fundadora del convento de las Brígidas en Valladolid, el primero de su orden.

El ‘no’ de Santa Teresa

Marina nació en Valladolid en 1554, fruto del matrimonio de Diego de Escobar, doctor en Derecho civil y canónico por la Universidad de Valladolid y abogado en la Real Chancillería, y Margarita Montaña de Monserrat, hija de uno de los médicos del emperador Carlos V.

Calle del Rosario, donde nació Marina Escobar en 1554.

​Desde su juventud, y después de apartarse de la fe en su adolescencia, era habitual que acompañara a su madre a confesar. Fue así, y de la mano del religioso Jerónimo de Ripalda, pariente suyo, y otros jesuitas como el padre León, como se inició en la práctica de la oración.

Cuentan los escritos de la época que la joven Marina apenas abandonaba su habitación, entregada a la oración, el ayuno y la lectura. Tenía 18 años cuando tuvo su primera visión: cuenta que se le apareció Cristo coronado de espinas, con el cuerpo lacerado. Por aquel entonces padeció una enfermedad que casi pone fin a su breve vida y de la que, según su propio testimonio, se recuperó al recibir la eucaristía.

Convencida de su vocación religiosa, a punto estuvo de ingresar en las carmelitas descalzas. Llegó, incluso, a entrevistarse con Teresa de Jesús en una de sus visitas a Valladolid; sin embargo, rechazó la petición de la joven porque “Dios la tenía destinada para grandes cosas”.

La ‘santa’ de Valladolid

Marina fue la única de los hermanos que permaneció en la casa familiar después de fallecer su padre. Acompañada por su madre y doncellas que servían a cambio de alojamiento, se dedicó a la costura y el bordado para subsistir. Cuando encontraba tiempo, remendaba la ropa a los pobres de Fuensaldaña: una acción de caridad que le valió el apodo de la costurera de Fuensaldaña.

Comenzó a tener visiones que, de lo acertadas, le dieron gran fama en la ciudad. Entre ellas, la muerte de Rodrigo Calderón, la llegada de una flota procedente de las Indias que traía una necesaria inyección económica a una Castilla ahogada por guerras y enfrentamientos entre distintas órdenes, como jesuitas y dominicos. Fueron constantes sus visiones de Cristo, la Virgen, santos y almas. Pero, sobre todo, de los ángeles que la acompañaban en sus sueños y delirios místicos.

Su confesor, Luis de la Puente, recoge las descripción que Marina Escobar hizo de ellos, como dos adultos, que representaban la fortaleza de Dios “porque la defendía valerosamente y la preservaba de los daños que el demonio pretendía hacerla” y la medicina de Dios que “la curaba de las llagas que el demonio le hacía y aliviaba de sus dolores”, y dos niños de unos siete y diez años.

Su reputación en Valladolid fue tal que, pese a pasar los últimos treinta años de su vida postrada en una cama por su delicada salud, que apenas abandonó en su vida, estuvo siempre rodeada de la nobleza y la monarquía. En su aposento recibió las visitas de los más poderosos de la villa, incluso de la corte de Felipe III. Hubo quien quiso que cambiara su residencia a Madrid cuando el rey se trasladó, pero Marina se negó a abandonar su ciudad natal.

Pasó estas últimas décadas rodeada de jóvenes que la cuidaban a cambio de casa, alimento y educación, manteniéndose de la costura y, cuando ya no pudo bordar, de donativos. Tomaba lo imprescindible para subsistir y el resto lo destinaba a limosnas o a pagar la dote de alguna de sus doncellas y sobrinas. Murió en 1633 considerada una santa por sus vecinos.

Prueba de la fama que rodeó a Marina Escobar fue su multitudinario entierro, que reunió, dicen las crónicas, a más de 10.000 personas; los libros sobre su vida que se publicaron poco después de su muerte o el hecho de que fuera la mujer más retratada del momento si exceptuamos a la monarquía.

Convento de las Brígidas, en la plaza de las Brígidas

Fundadora de la Orden de Santa Brígida

El recuerdo de Marina Escobar en Valladolid pasa, necesariamente, por la mención al convento de las Brígidas, en la plaza del mismo nombre.

Su empeño por introducir en Castilla la Orden de Santa Brígida, fundada en Suecia en el siglo XIV, fue fruto de uno de sus sueños místicos.

Implicó en su empresa al poderoso Conde Duque de Olivares y al mismísimo Felipe IV, quien intercedió ante el Papa Urbano VIII.

Finalmente, el convento de Santa Brígida en Valladolid se fundó en 1637 en las dependencias del palacio del Licenciado Butrón, cuatro años después de la muerte de Marina Escobar. Sus restos fueron trasladados a este templo en 1960.

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1 Comentario

  • Reply Cesar Tattoo 3 abril, 2021 at 06:49

    Que interesante historia de Marina Escobar, cada día se aprende más

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