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Genialidad entre curvas y volúmenes

3 febrero, 2014

La frágil frontera que separa excentricidad y genialidad está firmada por Gaudí. Fue un maestro de las líneas curvas, un tejedor de sueños en piedra, un arquitecto de tintes casi oníricos que se valía del color, de la forma y del simbolismo para recrear fantasiosas construcciones de una delicadeza estética sin parangón.

Sus métodos como arquitecto también eran peculiares. Insistía en recrear en modelos tridimensionales. Los planos cobraban vida sobre su mesa, eran elementos corpóreos que se erguían en papel, yeso, cartón mojado. Eran el germen de una obra de arte en potencia que no ataba la imaginación del maestro, dispuesto a introducir modificaciones incluso ya comenzada la construcción de un edificio.

GaudíEl resultado final era y es impresionante. Líneas curvas, volúmenes ostentosos, recreaciones de la naturaleza que superan la geometría impuesta en la arquitectura por la escuela de la escuadra y el compás. Es una vuelta a las formas de la naturaleza, a las estructuras complejas y antiquísimas que construye el mundo vegetal con fluidez.

Puede que su estilo, impreso con fuerza en la historia del arte, brotara de una personalidad aun más complicada. Comprender la obra de Gaudí pasa por conocer su vida.

Fue criado en unas difíciles circunstancias, recluido a menudo debido a las enfermedades que sufría, lo que le llevó a desarrollar una personalidad introvertida y reservada. Tampoco destacó en la facultad de Barcelona, donde dejó como legado un expediente mediocre que le llevó a ejercer en proyectos de pequeña envergadura. Hasta que, como si estuviese escrito, Eusebi Güell se fijó en el trabajo de ese joven arquitecto. Sentaron las bases de una relación de amistad y de mecenazgo que dio fama y carrera a Gaudí, convirtiéndole en una celebridad en su campo. Sin embargo, llegaron los malos años para el maestro: a la muerte de varios familiares y amigos se une la paralización de algunas de sus obras por motivos económicos; lo que le llevó a refugiarse en su trabajo y a volcar sus últimas fuerzas en la Sagrada Familia, incluso llega a pedir limosna para continuar con la construcción del templo.

De ser un joven dandi entregado a la moda y a las delicatessen culinarias, pasó a vivir una vejez austera, época en la que vestía trajes ajados y sucios que sujetaba con imperdibles, lucía un aspecto descuidado, sin afeitar, sin lavar; tal era el grado de dejadez que a veces lo tomaban por mendigo, como ocurrió en el momento de su muerte tras ser atropellado por un tranvía en Barcelona.

La vida y obra de un genio que rozaba la locura está expuesta ahora en la Sala de Exposiciones de La Pasión Los curiosos bocetos, las maquetas tridimensionales, escritos de su época de estudiante, fotografías del artista e incluso algunas piezas arquitectónicas se muestran hasta el 27 de octubre en la sala municipal.

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