Arte y Museos

Valladolid se asoma a la ‘vida prestada’ de Vivian Maier

13 febrero, 2019

El Museo Patio Herreriano acoge, por primera vez en Europa, la muestra ‘El autorretrato y su doble’

La historia de la fotógrafa Vivian Maier (Nueva York, 1926- Chicago, 2009) es tan extraordinaria que podría ser argumento de una novela. Ya lo es de una película: el documental nominado al Oscar Finding Vivian Maier

A punto de cumplirse una década de su fallecimiento –será este 21 de abril-, Maier es reconocida como uno de los grandes nombres de la fotografía del siglo XX, a la altura de Diane Arbus, Helen Levitt o Robert Frank. Pero ella nunca atisbó la trascendencia que tendría su obra, que hoy la convierte en nombre ineludible de la street photography estadounidense. Falleció en el anonimato sin haber, siquiera, revelado la mayor parte de su corpus fotográfico.

El Museo Patio Herreriano de Valladolid acoge, por primera vez en Europa, una recopilación de 83 autorretratos, no tan distante de la actual moda de los selfies, que muestra no solo su lado más vanguardista, sino su necesidad de dejar constancia de una identidad que le fue negada en vida.  

El descubrimiento de ‘la niñera fotógrafa’


Vivian Maier, orgullosamente francesa y residente en Chicago los últimos 50 años, murió tranquilamente el lunes. Segunda madre de John, Lane y Matthew. Un espíritu libre que tocó mágicamente las vidas de todos los que la conocieron

Así rezaba la esquela que publicó The Chicago Tribune el 23 de abril del 2009. Solo dos días antes, el joven investigador John Maloof había logrado identificarla.

La historia de su descubrimiento comienza dos años antes, en 2007, cuando Maloof, quien se documentaba sobre la arquitectura de Chicago, compró unas cajas llenas de negativos por unos 300 euros. Su dueño las había encontrado abandonadas en un guardamuebles. Solo se conocía un dato: pertenecieron a Vivian Maier.  

Cuando Maloof descartó aquellas imágenes para su investigación, decidió venderlas en Internet. Un nuevo golpe de azar quiso que el historiador de fotografía Allan Sekula diese con ellas e impidiera que aquellas instantáneas empapadas de talento siguieran desperdigándose por medio mundo.

Comenzó, así, la recuperación del archivo de Maier. Maloof se hizo con más de 150.000 negativos y con sus películas en 8 mm. Con cada nuevo hallazgo, daba un paso más en la identificación de la misteriosa mujer.

Mientras Maloof estrechaba el cerco, una octogenaria Vivian Maier se apagaba en un apartamento pagado por los niños que había criado. Murió igual que vivió: en la soledad y el anonimato. Dos días después, fue identificada como autora de aquellos negativos que estaban trastocando la historia de la fotografía.

Una vida anónima

Hija de refugiados judíos, abandonada por su padre con solo cuatro años, pasó su infancia entre Francia y Estados Unidos. Primero en Nueva York, después en Chicago, se ganó la vida como niñera.

Rompió todos los lazos familiares y no tuvo marido ni hijos. Nunca buscó compañía o amistad. Por no tener, ni siquiera tuvo casa propia o dinero para revelar sus negativos.

Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer peculiar. Alta, ataviada con ropa de corte masculino, con botas o zapatos de hombre, siempre pegada a una Rolleiflex. Era una mujer que no tenía reparo en adentrarse en los barrios menos recomendables de la ciudad para captar su ambiente lúgubre.

Fue, también, reservada y solitaria. Tanto, que cuando le preguntaban por su nombre solía dar otro. Cuentan que lo primero que pidió en la casa que la empleó durante media vida fue una habitación propia con candado.

Llevó su carácter callado a su fotografía. Como un voyeur de la vida cotidiana, veía sin ser vista. Captaba la esencia de seres débiles, de hombres bebidos y mendigos, de damas de la alta sociedad; sobre todo, de niños –niños andrajosos, otros de clases pudientes, entre lágrimas o juguetones-.

Y, recurrente en el mosaico urbano que es su obra, su autorretrato.

El autorretrato y su doble

Como señala la comisaria de la muestra que puede verse hasta el 23 de abril en el Museo Patio Herreriano de Valladolid, Anne Morin, el autorretrato “es una constante en su trabajo con la que quiere dejar constancia de su presencia en el mundo” –calcula que supone cerca de un tercio de su legado-.

Quizá porque Maier “tuvo una vida prestada, siempre en casas ajenas, sin un espacio propio”. Así, “esta exposición quiere “devolverle su identidad, a la que no tuvo derecho en vida”.

La fotógrafa explora su propia esencia a través de múltiples lenguajes visuales: el minimalismo de una silueta proyectada en el suelo, la imagen inversa, un ejercicio de fusión con la escena que le hace pasar desapercibida o un encuentro directo con la cámara que muestra su rostro sin tapujos.

Se intuye como una forma apenas perceptible en un retrovisor, como una presencia fantasmagórica en el cristal de un escaparate o como una suerte de imagen caleidoscópica reflejada en un espejo. “El autorretrato nos muestra su faceta más creativa y vanguardista. No hay otro fotógrafo en el siglo XX que haga ese uso de la sintaxis visual”, alaba Morin.

La muestra se completa con la proyección de una sus películas, de “escritura peculiar y vanguardista”, al igual que su fotografía. Escenas cotidianas, ahora en movimiento, que hacen de Maier una cronista del Chicago de los años 60. 

  • Vivian Maier. El autorretrato y su doble. 
  • Hasta el 23 de abril en las Salas 1 y 2 del Museo Patio Herreriano de Valladolid.
  • De martes a viernes, de 11 a 14 y de 17 a 20 horas, sábados, de 11 a 20 horas, y domingos, de 11 a 15 horas. 
  • Entrada gratuita. 

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