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El Puente Mayor y la leyenda del diablo

23 mayo, 2016

puente mayorUna de las leyendas que empañan la historia de la construcción del Puente Mayor de Valladolid tiene como protagonista al mismísimo diablo. Aquella que narra la frustrada venganza de Mohamed y que os contamos aquí tuvo un final feliz, pero os podemos adelantar que esta, recogida por el escritor Antonio Martínez Viérgol a finales del siglo XIX, no tiene un desenlace agradable. Él mismo lo avisa como antesala al texto: “antes, lector, que pases adelante, hacerte una advertencia es mi deseo; nada hermoso hallarás, todo es muy feo”. 

En aquel entonces, narra la leyenda, convivían en Valladolid dos importantes familias: los Reoyo y los Tovar. Si bien los herederos de ambos linajes podían presumir de atractivo físico, el hijo de Tovar era, por su carácter, “ensueño de las mujeres”, mientras que el vástago de Reoyo, por “su genio desabrido y su orgullo inusitado” era “de ellas odiado y de ellos aborrecido”. Tales circunstancias despertaban en Reoyo un intenso odio por su vecino.

Al otro lado del Pisuerga vivía Flor, la hija de un labrador que antaño fue soldado, que debía de ser, al menos de acuerdo con Martínez Viérgol, una joven de extraordinaria belleza, pues así se recrea el autor en la descripción de sus virtudes:

“Una muchacha preciosa, angelical, que nació de un beso que el viento dio en el cáliz de una rosa. Un ángel que en raudo vuelo, coronado de arrebol entre los rayos del sol bajó un día desde el cielo. Flor se llamaba y no mal cuadraba el nombre a la hermosa, pues parecía una rosa arrancada de un rosal.”

La joven y el hijo de los Tovar comienzan a verse. Sin embargo, las palabras del autor de la obra nos hacen pensar que los sentimientos de la inocente Flor distan mucho de las intenciones del galán:

“Así seguían de Flor los amores con Tovar en concierto encantador: él amando sin amar, ella muriendo de amor. Él en amores artero fingía amor verdadero sin más fin, ni más empresa que saltar sobre la presa como un lobo carnicero. Ella inocente y hermosa, ciega de amor violento, luchaba en vano afanosa como débil mariposa juguete del fuerte viento”.

Una noche, mientras Tovar se encamina a su cita, comienza a arreciar el temporal. Aunque aprieta el ritmo para cruzar a tiempo el Pisuerga, se cruza con Reoyo.

“En guardia los rivales, desnudos los aceros a pelear, ligeros los dos prestos están. Y pasan dos minutos que un siglo les parece y la tormenta crece y aumenta el huracán. Llega al punto a nuestro oído un quejido de dolor y Reoyo cae a un lado traspasado el corazón”.

Mientras Tovar da muerte a su oponente, se intensifica la tormenta. “el de Tovar atónito se para; mira atrás cual si el muerto le siguiera y a vadear el río se prepara;… ¡empresa vana, necio desvarío, el río es un torrente, no es un río!”

Lleno de ira, el joven se desespera ante la visión del Pisuerga embravecido y se encomienda al mismísimo diablo:

“¡Dios soberano! ¡Cielos! Yo os desprecio. ¡Satán! Ven en mi ayuda; un renegado reclama tu poder a tan buen precio que mi conciencia, cuanto soy y ansío lo depongo desde hoy a tu albedrio. Condúceme a los brazos de mi amada, que yo la vea, que su faz admire, que de su linda boca perfumada el dulce aliento embriagador respire; que bese su mejilla sonrosada y que en sus ojos sin igual me mire. Que sea mía, ¡mía! y te prometo a tu yugo, Satán, vivir sujeto”.

Puente Mayor plano Bentura Seco

El Puente Mayor, en el plano de Bentura Seco (1738), que separa la ciudad de las tierras de cultivo en las que vivía la joven protagonista de la leyenda.

En ese momento, las aguas del río se separan. De un abismo surge Satanás. Entre llamas de olor azufrado, rodeado por un cortejo de pequeños diablos encarnados, el diablo sentencia ‘Yo un puente forjaré por que la veas’.
Hay quien dice que surgió de la nada, quien asegura que fue construido en un instante por cíclopes gigantes comandados por un enano e incluso quien perjura que búhos y lechuzas trajeron los materiales…sea como sea, el Pisuerga se vio, de repente, cruzado por el Puente Mayor de Valladolid.

Tovar cruzó la nueva vía a la carrera, pero, por más que recorría la ladera, no encontraba a su cita.

«A la luz de un relámpago, seguida de un trueno aterrador, Tovar alcanza a ver a Flor casi a sus pies tendida. Reprime un grito de dolor y avanza. ¡Qué hermosa! ¡Si parece estar dormida! y cual si le quedara una esperanza dice, dándola un beso: Flor despierta… ¡Horrible maldición! ¡Estaba muerta!»

«¡El rayo! ¡gritó! ¡el rayo! Yo lo he hecho por clamar contra el cielo soberano… Perdona, amada Flor, soy un villano.»

La culpa atormenta al desgraciado Tovar, que enloquece ante la visión del cuerpo de la joven. Retirado en Sierra Morena, encomendado a la limosna, muere treinta años después, mientras gime «¡Me marcho con ella!».

Puedes leer la obra completa en el archivo digital de la Biblioteca de la Junta de Castilla y León. 

 

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