No, el conde Pedro Ansúrez no fundó de Valladolid

Al menos, no de la nada.

No son pocos los textos y conversaciones en torno al conde Ansúrez en los que se cuela el ‘título’ de fundador de Valladolid. Una idea extendida y asentada entre los vecinos de la ciudad que, sin embargo, no es del todo acertada.

retrato conde ansúrez

Retrato del conde en el Salón de Recepciones del Ayuntamiento de Valladolid

La documentación histórica deja constancia de que a la llegada del noble existía un núcleo de población que respondía al nombre de Valledolit. Debió fundarse en algún momento después del paso de Almanzor por Simancas (año 983), una batalla recordada por el estado deplorable en que quedó la villa, pero antes del asentamiento ansuriano hacia 1072.

Poco se sabe de esta primitiva Valladolid además de la existencia de dos iglesias, las de San Pelayo y San Julián, y su distribución en lo que hoy conocemos como plaza de San Miguel.

El historiador Juan Antolinez de Burgos aventuró, en el siglo XVI, un posible origen. Según sus escritos, la zona se pobló a la sombra de las fortalezas de Simancas y Cabezón, como una zona de posadas y caseríos que servían como albergue a los labriegos que trabajaban las fértiles tierras regadas por el Pisuerga y los ramales del Esgueva. Otras habladurías de la época mencionan la existencia de un alcázar del que, sin embargo, nada más se sabe.

Pedro Ansúrez, así, no fundó, sino que encontró una aldea, ya asentada, que supo alimentar magistralmente, la convirtió en una de las villas más importantes de su tiempo y sentó las bases para que Valladolid se convirtiese, siglos después, en capital del reino.

¿Tuvo Valladolid un origen romano?

El origen romano de la ciudad es una de las teorías que se han barajado a lo largo de su historia. Hubo, incluso, quien se remontó a la época vaccea y quiso identificar Valladolid con Pintia.

Los restos arqueológicos hallados de la época preansuriana son escasos, sin una sólida continuidad cronológica y con la suficiente dispersión geográfica como para poner en duda la existencia de un núcleo estable de población.

En el subsuelo vallisoletano han sido descubiertos, incluso, vestigios prehistóricos, como fragmentos cerámicos, armas pulimentadas o cuchillos de sílex en la plaza de San Pablo, la calle Arribas, el monasterio de San Benito o barrios que van desde Pajarillos hasta San Pedro Regalado. Uno de los yacimientos referidos a la Edad del Hierro más importantes en la meseta, el de Soto de la Medianilla, se encuentra a escasos kilómetros de la ciudad.

Más relevantes son los objetos romanos repartidos por el perímetro vallisoletano. En junio de 2012, durante las catas para la construcción de un aparcamiento subterráneo frente a la iglesia de la Antigua, se halló una vivienda romana de entre el siglo I a.C. y el siglo III de nuestra era: fue el descubrimiento que asentó la idea de un asentamiento romano estable y de cierta entidad en lo que hoy es Valladolid.

 

 

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