Personajes e historia

Cervantes en Valladolid: una visita a la casa del escritor

29 marzo, 2016

El Museo Casa de Cervantes de Valladolid es la única casa del escritor que se conserva en España después de la destrucción de su hogar natal, en Alcalá de Henares. El manco de Lepanto alquiló esta vivienda en la calle del Rastro (en aquella época Rastro de los Carneros) en 1604, cuando llegó a la entonces capital de la Corte como recaudador de impuestos. En este edificio residió casi dos años, hasta comienzos de 1606, cuando, de nuevo, se traslada siguiendo a la Corte a Madrid.

La casa pasó desapercibida hasta finales del siglo XVIII, cuando se descubre en la Real Chancillería el expediente sobre la muerte del caballero navarro Gaspar de Ezpeleta. Entre los testigos aparecen Miguel de Cervantes, sus hermanas Andrea y Magdalena, su hija Isabel, una sobrina y la sirvienta (de su mujer tan solo se menciona que en el momento del juicio estaba ‘ausente de Valladolid’), que dejan constancia de la localización de la vivienda.

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Patio exterior, donde fue herido Ezpeleta / vestigio del Hospital de la Resurrección, escenario de ‘El coloquio de los perros’

Con documentación del juicio por el caso Ezpeleta, así con los mapas y otros testimonios, se puede recrear una fiel imagen del entorno. La zona del rastro se situaba a las afueras de una Valladolid que experimentó un brusco crecimiento con la llegada de la Corte de Felipe III en 1600. En este área se vendía la carne (de ahí el nombre de ‘rastro de los carneros’) y se ubicada un matadero. Como frontera natural, cruzaba la poco salubre ramal meridional del río Esgueva, que trascurría por lo que hoy es la calle de Miguel Íscar. Limitando con este rastro se alzaba el Hospital de la Resurrección, parte de cuya fachada se conserva anexa a la Casa de Cervantes de Valladolid.

Valladolid, hogar de Cervantes

La visita comienza en el mismo patio, con acceso desde la calle de Miguel Íscar, donde Gaspar de Ezpeleta fue herido y socorrido por Miguel de Cervantes y su familia . Se mantiene, además, una estatua del Cristo Resucitado que pertenecía al desaparecido Hospital de la Resurrección (hoy Casa Mantilla), donde se ambienta la novela El coloquio de los perros.

La primera estancia que se visita es la biblioteca cervantina, que en el siglo XVII pudo ser una taberna. Inaugurada el 23 de abril de 1916, coincidiendo con el 300 aniversario de la muerte de Cervantes, la Biblioteca Popular y Cervantina se nutre de libros de la Biblioteca Nacional y volúmenes cedidos por el Marqués de la Vega Inclán, uno de los impulsores de la casa-museo. En la actualidad, supera los 10.000 tomos.

Desde esta estancia se accede al patio interior, donde se cree que se ubicaba la cocina –aunque los muebles se encuentran en el primer piso- para minimizar el riesgo de incendio. Los cuatro relieves en hierro fundido, obra de Pablo Santos de Berasategui, adornan las paredes de este patio con motivos de El Quijote. Al fondo, un busto de Aarcher Huntington recuerda la intervención de la Sociedad Hispánica de América en la constitución de la casa-museo.

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Patio interior del Museo Casa de Cervantes Valladolid

La distribución del patio es la misma que tuvo en el siglo XVII, aunque la portada que separa los dos espacios exteriores, que perteneció al monasterio jerónimo de Nuestra Señora de la Amargura (Cogeces del Monte), se instaló en 1918.

La visita continúa en el zaguán, que fue el acceso original a la vivienda y que conserva el pozo de la época. El cuadro que preside el espacio, que data del siglo XVII, representa la batalla de Lepanto, que tanto marcó la vida del escritor.

La casa que alquiló Miguel de Cervantes y su familia se limita, en realidad, a cuatro habitaciones del primer piso, aunque todo el edificio está ambientado, con la intención de recrear la vida cotidiana del siglo XVII; con bastante acierto, pues la decoración original está documentada por la dote que aportó la mujer de Cervantes, Catalina de Salazar.  Lo que hoy es el recibidor fue en la época cervantina una sala de trabajo y en la que se recibirían visitas (quizá aquellas ‘de importantes amigos’, como relata Andrea Cervantes en el proceso Ezpeleta). Muy posiblemente en esta sala escribió algunas páginas de la segunda parte de El Quijote y varias de sus novelas ejemplares como El coloquio de los perros, El Casamiento engañoso o El Licenciado Vidriera. Su estructura actual es un homenaje al escritor: expone ejemplares de El Quijote, autógrafos del autor y cuadros que contextualizan su paso por Valladolid.

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Recibidor / Sala del Estrado

Por su rica ornamentación, llama la atención la sala del estrado, la que era usada por las mujeres. Toma su nombre por la tarima que ocupa buena parte de su suelo, con alfombras y cojines, que evitaban el contacto con el frío suelo y permitía a las mujeres sentarse ‘a la morisca’ .El propio Miguel de Cervantes se refiere a este espacio como un lugar confortable, donde descansar, recibir visitas –razón por la que se han incluido sillas- o realizar tareas domésticas.

El aposento se ha decorado como si fuese la habitación personal del escritor, siguiendo las descripciones que él mismo hace sobre los aposentos del Quijote. Así, cuenta con un espacio de trabajo, libros, un brasero y una pequeña alcoba con dosel y telas de color rojo, tal como se detalla en la dote aportada por su mujer. Tanto el espacio reservado al comedor como el de la cocina completan las estancias que tenía alquiladas la familia Cervantes.

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Aposentos y alcoba de Miguel de Cervantes

Museo Casa de Cervantes: un poco de historia

El museo Casa de Cervantes se constituye como tal en 1948. Los intentos por darle forma, sin embargo, se remontan a finales del siglo XVIII, cuando se localiza la vivienda a raíz del descubrimiento del expediente Ezpeleta. En 1872, un grupo de jóvenes escritores utiliza la casa como sede del recién fundado Ateneo Cervantino, pero su elevado coste hizo que la experiencia durase poco, apenas seis meses. Tres años después, con motivo del 275 aniversario de la publicación de El Quijote, la casa se decora con objetos de la época cervantina y se abre por primera vez al público.

De la mano de la sociedad ‘La Casa de Cervantes’, se habilita una sala de lectura con prensa y libros y, ya como museo, acoge reuniones literarias. Aunque la sociedad se deshace en 1887 y el edificio vuelve a ser ocupado por inquilinos, el interés por recuperar su uso museístico aflora gracias al marqués de la Vega Inclán –mecenas responsable de la creación de museos como el del Greco en Toledo o el Museo Romántico de Madrid-, quien impulsa el proyecto, junto con el rey Alfonso XIII y Archer Huntington, presidente de la Sociedad Hispánica de Nueva York. El monarca compra la casa que habitó Cervantes y Huntington las dos adosadas -el marqués, por su parte, alquila la cuarta casa para evitar su desaparición-, que se restauran y habilitan para ir abriendo de forma progresiva al público: en 1916 lo hace la biblioteca, dos años después, Huntington entrega al Estado la propiedad de sus dos casas; y, por fin, abre como Museo Casa de Cervantes el 23 de abril de 1948.

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