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‘Mirillas’ al pasado gremial de Valladolid

3 abril, 2018
mirillas plaza mayor valladolid

Soportales en la plaza de la Fuente Dorada

Los vestigios de la época gremial que atesora el centro de Valladolid se salpican, desapercibidos para la mayoría, en rincones cuyos nombres recuerdan a la organización económica de la villa durante el medievo. Es el caso de la calle Lencería, junto a la que fue plaza del Mercado, de la calle de la Platería, donde se establecieron los poderosos orfebres y plateros, o de callejones como el de Tornetos, que sobrevive como una huella casi intacta de siglos pasados.

A mediados del siglo XIII se establece la plaza del Mercado, hoy Plaza Mayor, en la villa vallisoletana. A pocos metros de este epicentro comercial tomó forma otra plazuela, que hoy conocemos como de la Fuente Dorada, pero que fue apodada por los vecinos como ‘gallinería vieja’, denominación que, cuenta Agapito y Revilla, aún existía en los primeros años del siglo XVII.

Y es, precisamente, entre estos dos centros mercantiles donde pervive otra de las reliquias que evoca la intensa actividad artesana y comercial que bullía en este espacio siglos atrás: las mirillas que se abren en los techos de los soportales de la Plaza Mayor, la calle de Ferrari y la plaza de la Fuente Dorada.

Son pocos los ‘ojos’ que han sobrevivido a las restauraciones de la zona y que permiten al viandante hacerse una imagen de lo que, antaño, fueron típicas viviendas de maestros artesanos y de comerciantes. A pie de calle estaba el taller, visible al público, según las normas que regían los oficios. Este espacio, en no pocas ocasiones, ejercía también de tienda. Los pisos superiores eran el hogar del maestro propietario del negocio y de su familia, pero también de los aprendices a los que debían alojar, alimentar y enseñar la doctrina cristiana durante su formación, un periodo que se extendía varios años.

Esta mirilla abierta en el piso permitía, así, un control del acceso a la tienda-taller en todo momento y la atención a todo aquel que llamase a su puerta sin necesidad de abandonar la casa.

El esquema de taller o comercio bajo la vivienda del propietario se mantuvo tiempo después de la hegemonía gremial, como demuestra la existencia de estas mirillas en los bloques que se levantaron tras la demolición del convento de San Francisco (en 1836) donde hoy se encuentra el Teatro de Zorrilla.

 

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