Curiosidades y leyendas

Matafuegos: historia de los bomberos en Valladolid

28 junio, 2016

matafuegos_valladolidEl Archivo Municipal de Valladolid se sumerge en la memoria de sus documentos para elaborar una retrospectiva sobre el Cuerpo de Bomberos de la ciudad. La muestra, que comenzó con la conmemoración del quinto centenario de su constitución aborda la historia completa de los incendios en Valladolid.

Casi cien objetos componen ‘Matafuegos’. La exposición, plagada de peculiares documentos, recuerda episodios de la historia de la ciudad marcados por el fuego y agrupados en cinco capítulos: las causas que han motivado la mayor parte de los incendios habidos en Valladolid, el primer cuerpo formad por musulmanes, (1505-1610), los maestros de obras cristianos (1610-1833), la creación del servicio municipal contra incendios (1833-1973) y los bomberos contemporáneos.

El recorrido incluye documentos desde el siglo XV, como el libro de actas más antiguo que conserva el Archivo (de 1497) o la misiva por la que se le concede a Valladolid el título de ciudad ‘Buena y leal’, que conserva en la actualidad. Esta distinción está estrechamente relacionada con el primer incendio del que se tiene noticia fidedigna: el dictado fue concedido por el rey Alfonso XI en 1529 al excusar a los vecinos de la villa de toda responsabilidad en el incendio que sufrió el monasterio de las Huelgas Reales, provocado por un noble leonés que buscaba minar la credibilidad del Concejo de Valladolid.

Bomberos en Valladolid: el origen

Privilegio concedido por la reina Juana

Privilegio concedido por la reina Juana

El primer cuerpo de bomberos de la ciudad data, sin embargo, de mucho antes; concretamente de 1515, cuando la reina Juana I emitió una carta de Merced, también en la exposición, por la que eximía del pago de ciertos tributos a treinta carpinteros musulmanes a cambio de su apoyo en la extinción de los fuegos que pudiesen acontecer en la villa.

Un capítulo de la muestra se centra en este primitivo cuerpo de extinción de incendios, conocidos durante casi toda la Edad Media como ‘matafuegos’. El privilegio concedido por Juana I se refería a un grupo de 30 carpinteros mudéjares que habitaban en el triángulo delimitado por las calles Santiago, Claudio Moyano y Montero Calvo, la segunda morería más importante del reino de Castilla por detrás de la de Ávila. Los ‘moros obligados al fuego’, como se les nombra en los documentos, quedaban así exentos de pagar el impuesto de aposento y hospedaje y recibían la suma de 3.000 maravedís anuales por sus servicios.

Los primeros matafuegos eran carpinteros, gremio protagonizado entonces por los mudéjares. Su habilidad con la talla está presente en la muestra gracias a objetos cedidos para la ocasión por el Museo de Valladolid, como fragmentos del antiguo Palacio del Almirante (donde hoy se levanta el Teatro Calderón).

La dificultad para conseguir agua suficiente y la construcción habitual de la época (en barro y madera, que aprovechaba una misma viga para soportar varias casas) hacían de los cortafuegos el sistema más habitual para controlar la extensión del fuego. En una maniobra en la que primaba la rapidez, destacaba la pericia de estos los carpinteros.

El gran incendio de Valladolid (1561)

Uno de los episodios con mayor protagonismo en Matafuegos es el incendio del año 1561, al que debemos la actual configuración de la ciudad. El fuego, que comenzó el 21 de septiembre en la actual calle de la Platería, se propagó durante más de tres días por casi todo el centro de Valladolid, destruyendo setecientas casas –el 10 por ciento de las que había en la capital-aunque solo murieron tres personas.

Después de este episodio, el rey Felipe II mandó reconstruir la ciudad según un nuevo trazado más ordenado y regular. El modelo de Valladolid, el actual plano en torno a su Plaza Mayor, se exportó a otras villas de España y de América Latina.

Además, se introdujeron novedosos recursos arquitectónicos, como la colocación de muros de piedra que actuaban como cortafuegos o la regulación en la construcción de chimeneas. Pero la riqueza de este nuevo trazado reside en su estética: fachadas uniformes, edificios de la misma altura o soportales con columnas de piedra. La esencia de esta renovación urbana sigue presente en el entorno de la Plaza Mayor, la plaza de la Fuente Dorada y la calle de la Platería.

Cédulas reales concedidas por Felipe II a Valladolid para la reedificación de la ciudad.

Cédulas reales concedidas por Felipe II a Valladolid para la reedificación de la ciudad.

La envergadura de la obra supuso un enorme gasto en expropiaciones (tanto por las indemnizaciones como por los pleitos a los que hubo que hacer frente) y en la propia construcción. Los vallisoletanos tuvieron que someterse a un nuevo impuesto que gravaba la carne y el vino, lo se llamó ‘la sisa’. El descontento era tal que el propio rey escribió unas sesenta cédulas, expuestas en la muestra.

Uno de los objetos más curiosos de Matafuegos está relacionado con este desastre. Se trata de un boleto de la lotería que se emitió, por orden del rey, para ayudar a financiar las obras de reconstrucción. Todo un fracaso que permanece como anécdota.

Historia y curiosidades

Matafuegos es una muestra que destaca por su interés histórico. La exposición incluye documentos tan curiosos como la queja relacionada con el fuego más antigua que custodia el Archivo Municipal, elevada por los vecinos de la calle Zúñiga contra un hombre que churruscaba cerdos en la vía pública; o una denuncia del siglo XIX en la cual los habitantes de la calle Angustias reclaman una solución ante un pastelero que horneaba en una cocina doméstica y provocaba numerosos incendios.

También está documentado el incendio que prácticamente destruyó la torre de la iglesia del monasterio de San Benito en 1605, causado por las luminarias encendidas para celebrar el nacimiento de Felipe IV.

Expediente para la aprobación de un reglamento.  21 de mayo de 1840 a 16 de noviembre de 1842.

Expediente para la aprobación de un reglamento. 21 de mayo de 1840 a 16 de noviembre de 1842.

En el apartado dedicado a la historia más reciente del cuerpo de bomberos se exhiben documentos que reflejan la profesionalización del servicio desde que se aprobase un reglamento básico en 1841. Este documento se exhibe junto con un bando coetáneo (de 1842) que dictaminaba el número de toques con el esquilón con los que cada parroquia debía anunciar la existencia de un incendio en su distrito: una la Catedral, dos la Magdalena, tres la Antigua, cuatro San Martín, cinco San Miguel…un aviso que debían repetir las demás, a los veinte minutos, y hasta que la primera cesase.

Asimismo, se recuerdan las importantes reformas introducidas por el arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla, quien dotó al primer cuerpo profesional de bomberos de Valladolid con una normativa básica que se mantuvo durante más de medio siglo (de 1920 a 1973).En este capítulo queda constancia de la revolución de la tecnología al servicio de la extinción de incendios: las bombas de vapor y las escalas de madera dan paso a autobombas y a autoescalas. Por ejemplo, pueden verse varios expedientes de adquisición de vehículos Renault de principios de siglo. En este periodo acontecieron incendios como el que destruyó el Octógono, la antigua Academia de Caballería; o la explosión del polvorín del Pinar de Antequera, que dejó más de cien muertos.

  • Matafuegos, en el Archivo Municipal de Valladolid hasta el 31 de agosto.
  • De lunes a jueves, de 11:00 a 14:00, viernes de 11:00 a 14:00 y 19:00 a 21:00 y sábados de 12:00 a 14:00.
  • Visitas guiadas. Información y reservas: sam@ava.es y teléfono 983 363 870.

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