Arte y Museos

El Valladolid de Esther Gatón

26 julio, 2018
esther gaton

Esther Gatón monta la muestra ‘Las virtudes’ en el Museo Patio Herreriano.

La artista plástica Esther Gatón (Valladolid, 1988) es parte de una hornada de jóvenes creadores que apenas se asoma a la treintena, pero que ya presume de haber llevado su obra a las galerías más punteras en territorio nacional y de debutar en países como Brasil o Chile. Lo volverá a hacer este mismo año como parte de la muestra colectiva Six Memos, con citas pendientes en Reino Unido y Polonia después de su estreno en la sala de Las Francesas de Valladolid.

“Siempre que vengo me fascina el cielo de aquí, tan pálido, tan blanco…es muy distinto del cielo que veo en Madrid”, reflexiona la artista sobre su ciudad natal, a la que se mantiene estrechamente ligada.

¿En qué difiere el ambiente artístico de Valladolid con el de Madrid?

Una ventaja de Valladolid es su tamaño. Somos menos artistas, por lo que aquí nos reunimos con gente menos afín o con menos lectura en común. Lo veo como una oportunidad de intercambio muy positiva; cosa que en Madrid es casi impensable, estamos muy polarizados.

El tamaño de la ciudad también condicionará el mercado.

En general en España tenemos un mercado pequeño y tradicional. Los compradores suelen buscar obras –casi siempre cuadros- para su casa, no está tan extendida como en otros países la idea de la colección. La gente que trabaja en sectores como el vídeo o la instalación lo tiene muy difícil, aunque no imposible.

En Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia hay artistas buenísimos, que, sin embargo, no viven de ello. En provincias el panorama es distinto, pero puede, incluso, ser una ventaja. Un buen ejemplo lo tenemos aquí mismo. La Galería Silva resiste con muchísimo mérito, hace una labor casi heroica, con una programación de charlas e incluso conciertos que puede permitirse, quizá, por estar fuera de la órbita de Madrid. En las ciudades pequeñas se da una posición de retaguardia muy interesante que, a veces, incluso adelanta a las ciudades de mayor tamaño porque no están tan concentradas en la tendencia.

Un elemento diferenciador, en nuestro caso, es formar parte de la Red Europea de Ciudades para la Creación Artística (CreArt)

Así es. Tuve la suerte de vivir de lleno el primer año de CreArt. Entre nosotros lo definíamos como un campamento de invierno de artistas. Yo acababa de regresar a Valladolid y gracias a esta iniciativa conecté con otros artistas, con creadores de otros sectores, nos reunimos en un ambiente de compañerismo y de generosidad…uno de los detonantes de ‘la piña’ que somos.

Es importante la labor que hace de escaparate para los artistas, claro, pero también la red que se teje detrás, el intercambio de experiencias, la discusión.

Hablas con mucho cariño de tu ciudad natal ¿Qué cuentas de Valladolid a quien nunca ha estado aquí? 

Que es una ciudad con carácter. Es una ciudad muy bella, y fue espectacular si tenemos en cuenta todos los palacetes que hemos perdido. Aun así, la zona de la Catedral me parece preciosa, pero también el extrarradio. Recuerdo caminar todas las mañanas hasta un estudio que tuve en las Delicias, un barrio muy cálido con unas tipografías setenteras increíbles.

También destaco la niebla, la bruma vallisoletana me parece increíble; que sea una ciudad tan peatonal y que sea tan fácil manejarse en bicicleta. Y, a quien venga de Madrid, que se fije en el cielo: aquí es más pálido.

Como artista tendrás también museos y galerías imprescindibles en tu agenda.

El Patio Herreriano, además de por sus piezas y su colección, me parece espectacular por su edificio. Por supuesto, el Museo Nacional de Escultura es imprescindible. También me gustan la Galería Silva, como ya he comentado, y el estudio de fotografía El Carrusel.

Aquí se fraguó tu interés por el arte. ¿Qué te inspira de esta ciudad?

A mí me inspira caminar y aquí, mi trayecto preferido es la ribera del río. He recorrido el paso del Pisuerga por la ciudad de cabo a rabo, hasta la presa y más allá. Siempre ha sido un paseo recurrente para mí. Además, así no me encuentro con nadie, porque en Valladolid si paseas por el centro ¡no dejas de encontrarte con conocidos!

Y cuando eso ocurre, ¿dónde terminas?

En bares como el Penicilino, el Minuto o El Colmado de San Andrés y, si siguiese abierto, el Testarrosa. Y en La Cárcava ¡ese no lo pueden cerrar!

Turno para la crítica. ¿Qué cambiarías?

La falta de oportunidades para los jóvenes. Mucha gente de mi generación está emigrada, en general a Madrid, mientras allí suben los alquileres y el coste de la vida. Ojalá se pudiesen las ciudades como Valladolid. No sé cuál es la solución, pero yo no creo en las grandes inversiones, probablemente la clave esté en algo sencillo. Llenan más las cosas pequeñas que los grandes mausoleos.

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