Curiosidades y leyendas Edificios desaparecidos

El desaparecido Teatro Pradera

11 noviembre, 2019

El Teatro Pradera fue una las numerosas víctimas caídas en nombre de un ‘progreso urbano’ que no hacía migas con la cultura y el patrimonio más clásico. Ni su estatus como referente de la vida cultural vallisoletana ni el cariño que despertaba entre los vecinos lo libró de la piqueta. En 1967 se firmó su sentencia. La idea era levantar un hotel de lujo que, para ahondar más en la herida, nunca llegó a construirse.

El Teatro Pradera a principios del siglo XX, antes de la reforma acometida en 1932 que añadió sus recordados torreones laterales.

Entre 1910 y 1967 formó parte de la vida cotidiana de los vecinos. ¿Quién no se acomodó en sus butacas para disfrutar del teatro, dejó volar su imaginación cinematógrafo o reservó alguna mañana para pasear frente a su puerta en la entrada del Campo Grande? Una estampa recordada por quien vivió aquella época e imaginada por las generaciones más jóvenes gracias al mural cerámico con dibujo de Miguel Ángel Soria.

Pocos años antes de que el lustroso teatro abriera sus puertas este enclave estaba ocupado por una caseta de madera conocida como La Barraca Pradera por ser propiedad de la familia de Manuel Pradera. Como anticipo de lo que sería después, esta modesta sala comenzó a programar sesiones en 1904. Títulos de cine mudo como La borrachera de un soldado o Salvamento de náufragos inauguraron este primer esbozo del Salón Pradera durante las fiestas de San Mateo.

El Cinematógrafo Pradera, como comenzó a ser conocido entre los vecinos, tenía todas las cartas para ser un próspero negocio. Consciente de ello, Manuel Pradera solicitó al Ayuntamiento la cesión de unos 2.000 metros cuadrados de los jardines del Campo Grande para la construcción de un teatro. En apenas un año el proyecto era una realidad: el 16 de septiembre de 1910 el Teatro Pradera debutó ante el exigente público vallisoletano con un espectáculo de bailarina Carmelia Ferrer.

En junio de 1920, durante la representación de La reina mora, el teatro sufrió un incendio que dejó siete heridos y graves daños en el edificio. Apenas un mes después, el Teatro Pradera reabría sus puertas. Y lo hacía con el mismo empuje. En estos años recibió visitas tan destacadas como la de la compañía de Camila Quiroga, la actriz argentina con mayor trascendencia internacional del momento, que estrenaba aquí su primera gira europea.

El cine sonoro llegó al Teatro Pradera en septiembre de 1930. Desde entonces, sus salas ofertaron de forma habitual proyecciones cinematográficas.

Comenzó una época dorada para el Pradera. Celebridades de la talla de Estellita Castro o Amalia Molina.

En 1932 la familia Pradera reformó el edificio. El lavado de cara incluyó la construcción de sus dos famosos torreones y la elevación del cuerpo de la azotea.

El Teatro Pradera se sumó a la moda de las sesiones dobles de cine.

Entre zarzuelas, teatro y cine pasaron los años hasta que el 24 de septiembre de 1967 el Teatro Pradera bajó el telón con la comedia Metidos en harina de la compañía de Zorí, Santos y Codeso.

El Ayuntamiento ponía fin a la concesión municipal con la idea de edificar un hotel de lujo, proyecto que nunca se haría realidad.

El Teatro Pradera en los años 50.

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