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Los Cervantes y la cárcel de Valladolid

15 marzo, 2016

Miguel de Cervantes y el caso Ezpeleta

A la puerta de la casa en la que Miguel de Cervantes y su familia residía en Valladolid (la actual casa-museo Cervantes) fue herido durante la noche del 27 de junio de 1605 un caballero de Santiago, don Gaspar de Ezpeleta.

El proceso incoado por el juez Villarroel ha dejado una detalladísima documentación sobre la vida del creador de El Quijote en la capital del Pisuerga. Así, sabemos que compartía casa con sus hermanas Andrea y Magdalena, con su hija Isabel y con su sobrina Constanza; que pasó dos días en la cárcel y que estuvo en el punto de mira de un juicio que se encaminaba a ocultar la identidad del asesino de Ezpeleta. Asimismo, ciertas declaraciones cuestionan las conductas de las mujeres de su familia, apodadad ‘Las Cervantas’; en concreto, las de una beata que denuncia las vistas masculinas que solían recibir en la casa del Rastro.

rastro de Valladolid 1865

Rastro de Valladolid, donde vivía Cervantes. 1865.

Don Gaspar fue herido en la noche del 27 de junio y murió dos días después sin confesar la identidad de su asesino. El duelo que le costó la vida tuvo lugar cerca del Matadero o Rastro nuevo, en la orilla izquierda del Esgueva, una zona recién urbanizada y a las afueras de la ciudad: es el entorno de la actual casa-museo Cervantes, que fue habitado por gente modesta. Aquí se encuentran los escenarios de alguna de las novelas de Cervantes, como el Hospital de la Resurrección, hoy Casa Mantilla, (El coloquio de los perros) o la Puerta del Campo, hoy Campo Grande(El casamiento engañoso).

Las circunstancias en las que se encontró al herido reforzaban los rumores sobre su vida de calavera: de noche, a las afueras de la ciudad, portando un espadín y disfrazado con la capa de su criado. Además, de las declaraciones se desprende que Ezpeleta mantenía una relación con una mujer casada.

interior casa cervantes valladolid

Interior de la Casa Cervantes de Valladolid.

El herido fue recogido y llevado por los vecinos a estos edificios, pero no a los cuartos que ocupaba la familia de Cervantes, sino a los de Luisa de Montoya. Allí le atendieron cirujanos, clérigos y vecinos, entre ellos, Magdalena de Cervantes, quien le ‘ayudó a bien morir’ y recibió por ello un vestido de seda del caballero.

Con el fin de acelerar el proceso de declaraciones, once personas son llevadas a prisión, entre ellas Miguel de Cervantes y su familia –excepto su hermana Magdalena y su mujer, Catalina, quien se encontraba fuera de Valladolid-. Se completa así una desafortunada tradición familiar y Miguel pisa la cárcel que ya ocuparon su padre y su abuelo.

A pesar de la investigación, nunca se conoció la identidad del asesino, aunque las declaraciones apuntan en determinados momentos a la aventura amorosa que mantenía Ezpeleta como móvil del crimen. Sí que se desvió la atención hacia la figura de Cervantes y su familia, a quienes acusaron de regentar una especie de ‘casa de citas’.

La documentación que se conserva del proceso Ezpeleta nos deja uno de los mejores retratos del autor de El Quijote, que realiza su hermana Andrea. Describe a su hermano como un «hombre que escribe y trata negocios, y que por su buena habilidad tiene amigos» . Se refiere a un Cervantes en pleno auge como escritor, que acaba de imprimir en Valladolid la primera parte de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Nos desvela, además, una faceta suya como hombre que ‘trata negocios’ y recibe numerosas visitas en su casa, hecho que confirman los testigos a lo largo del proceso.

‘Por su habilidad’ tenía amigos, sin duda importantes, como asentistas genoveses pertenecientes a las familias Raggio y Balbi; o el recaudador de diezmos Simón Méndez quien, dice una de las declarantes del proceso Ezpeleta, está amancebado con la hija de Miguel de Cervantes. Está claro que tenía amigos importantes y que los recibía con frecuencia en su casa, aunque la licitud o ilicitud de sus asuntos no sea algo demostrado.

Los Cervantes en la misma cárcel de Valladolid

Si bien es sabido el paso de Miguel de Cervantes en la cárcel de Valladolid por el conocido caso Ezpeleta, no lo son tanto las estancias en el mismo presidio del padre y del abuelo del autor, Rodrigo y Juan.

rodrigo y Miguel Cervantes

Rodrigo y Miguel de Cervantes

El padre del creador de El Quijote, Rodrigo Cervantes, entra en prisión el 2 de julio de 1552, como acreditan los documentos de la época, por asumir una deuda que no pudo pagar. El cirujano (profesión más bien humilde por aquel entonces) tenía a su cargo a su madre, a su hermana, a su esposa Leonor (quien dio a luz con Rodrigo en prisión) y a cinco vástagos. La suma de 44.472 maravedíes no fue devuelta a tiempo (el vencimiento estaba previsto para el día de San Juán).

Años antes, el padre de este y abuelo de Miguel, el licenciado Juan de Cervantes, pasó una semana en la misma cárcel al verse mezclado en un lío de faldas por intentar casar a su hija con un bastardo del Infantado. Sorprende que el abuelo de Miguel de Cervantes, un juez que gozaba de excelente reputación, no hizo nada por salvar del destino que él mismo corrió en Valladolid a su hijo Rodrigo.

Y, sin embargo, fue este parentesco al que apeló el padre del manco de Lepanto para lograr su excarcelación, al ser “de padre y abuelo de solar conocido”; es decir, por su hidalguía. Así, tras siete meses en prisión, el 26 de enero de 1553, Rodrigo abandona la cárcel de Valladolid; no se sabe si por pagar dicha deuda o no.

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