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Las desaparecidas calles gremiales de la Plaza Mayor de Valladolid

21 septiembre, 2018

La Plaza Mayor de Valladolid fue, en su origen, conocida como plaza del Mercado. Comerciantes y artesanos se daban cita en este enclave, entonces periférico, desde que, en el siglo XII, el mercado se trasladó desde la plaza de Santa María a lo que hoy es la plaza principal de la ciudad. El asentamiento de los gremios, cada vez más estable, se tradujo en su instalación definitiva en torno a este espacio: surgen así calles como las de ‘los lenceros’, ‘los torneros’ o ‘los sastres’.

Aunque la mayoría de los vestigios gremiales han desaparecido –no es el caso del callejón de Torneros o de las mirillas propias de los talleres– una colección de placas de bronce recordará a quien baje la mirada dónde se situaban las bocas a estos asentamientos.

Una placa en el piso frente a la calle de Lencería recuerda que su nombre fue ‘Corrillo de los Lenceros’ un oficio que, pese a la idea que hoy tenemos de ‘lencería’, se dedicaba a la venta de lienzos y otras telas mucho menos delicadas.

Entre las actuales calles de Lencería y de Corrillo existían otras tres callejas que todavía pueden verse en el mapa de Ventura Seco; una de ellas, como indica otra placa, la de Montera. Su placa recuerda que también fue bautizada como ‘Corrillo de los sastres’. Es, según cuenta Juan Agapito y Revilla, la referencia más antigua a un lugar llamado corrillo que conoció: una nota del 27 de junio de 1520 otorga una obligación sobre una casa que el sastre Juan de Nava iba a edificar allí.

La desaparición de estas tres vías es la diferencia más palpable del mapa de Ventura Seco -amén del convento de San Francisco- con la distribución actual de la plaza puesto que este, el plano más antiguo de Valladolid que se conserva, data de 1738, fecha posterior al incendio de 1561 y la reconstrucción del espacio que cambió su morfología.

El actual callejón de Torneros recuerda que una vez fue llamado corral de torneros. Testigo de la época gremial, aún puede visitarse, al igual que su vecino ‘Corral de Ricote’, del mismo modo señalizado con una placa a la entrada de la calle de La Pasión.

A la entrada de la actual calle de Jesús se sitúa otra de las placas que la identifica con la calle de Jerez, ‘donde si situaba el peso púbico municipal que hacía esquina a la actual calle del Peso’, glosa. Sin embargo, Juan Agapito y Revilla la identifica con la llamada calle de Viana a raíz de una noticia de 1668 que enumeraba una serie de altares dispuestos durante una procesión.

La placa que resta no se refiere a ninguna calle gremial, sino a una pérdida patrimonial muy superior: la del convento de San Francisco. En el número siete de la Plaza Mayor un pedazo de bronce rememora que allí se alzó el edificio que fue capilla abierta, armería de la villa, antiguo concejo, sede de la cofradía de la Santa Vera Cruz y lugar en el que rindió la vida Cristóbal Colón el 20 de mayo de 1506. Que a nadie engañe la fecha, pues el convento no fue víctima de las llamas que devoraron el entorno medio siglo después, sino de su venta y derribo en 1836.

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