Adiós al Octógono: el incendio de la Academia de Caballería de Valladolid

El Octógono de Valladolid

El Octógono de Valladolid

Cuando la Academia de Caballería llegó a Valladolid, en 1852, mucho distaba su imagen de la que ofrece en la actualidad –la más compartida de la ciudad en Internet, según Sightsmap -.

Su primera sede en la ciudad, conocida como el octógono ,se encontraba en la misma parcela en la que hoy se levanta la decimonónica construcción. El apodo respondía a su forma de doble octógono. Contaba con pabellones interiores radiales, un gran patio interior, también octogonal, y otros ocho en forma de trapecio totalmente independientes.

El edificio, que se construyó entre 1874 y 1850 con la idea de servir como prisión,seguía un diseño acorde con los preceptos de la arquitectura penitenciaria del siglo XVIII, a semejanza de la prisión de Gante. De planta baja y un piso, sobrio, sin ornamentos y en una parcela extramuros, la distribución servía para facilitar la vigilancia de los reos.

El octógono, sin emabrgo, terminó acogiendo unos huéspedes bien distintos.

El patio interior del octógono / la biblioteca

El patio interior del octógono / la biblioteca

Aunque fue concebido como un edificio a las afueras de la ciudad -entonces se llamaba campo de la feria-, el crecimiento de Valladolid terminó fagocitando al octógono.  que ya no serviría como prisión al encontrarse dentro de la villa.

Primera promoción de la Academia de Caballería en Valladolid

Primera promoción de la Academia de Caballería en Valladolid

En ese momento, 1852, el director general del Arma, el teniente general Ricardo Shelly, propuso su trasladarlo a Valladolid, que se autorizó por Real Orden el 22 mayo.

Se abrieron ventanas a la calle (tan solo una de las ocho fachadas exteriores tenía ventilación), se cedieron terrenos para la Academia, se construyeron los picaderos. Nueve años después de la decisión de Shelly, el Octógono daba la bienvenida a los 39 alumnos de la primera promoción de la Academia de Caballería en Valladolid.

Sesenta y tres años después de su inauguración, el Colegio Militar fue destruido por un incendio. En la madrugada del 26 de octubre de 1915, en torno a las 01.30 horas, se dio la primera voz de alarma.

El fuego se inició en un almacén adosado al muro exterior y se extendió rápidamente a todo el complejo: el retraso de los bomberos, que no se personaron hasta pasadas las tres de la mañana, la mala calidad del edificio y las incesantes ráfagas de viento norte aviaron las llamas. No se sofocaron hasta pasados tres días.

“Los cadetes del segundo escuadrón, cuyo dormitorio era el más invadido por el fuego en los primeros momentos, se salvaron a medio vestir”, relataba el ABC el 27 de octubre, “e, inmediatamente repuestos de la impresión, se unieron a sus compañeros y a los soldados, y algunos paisanos, y comenzaron a salvar muebles y documentos, muchas veces con temerario riesgo”.

Los propios estudiantes evacuaron a los caballos, llevados al Cuartel del regimiento de Farnesio. También se trasladaron objetos y documentación –se pudo salvar la valiosa biblioteca, que contaba entonces con más de 6.000 volúmenes-, a toda prisa, al Teatro Pradera y al vecino Colegio de Santiago. Entre ellos, El Santísimo, salvado por el cadete Francisco Zuleita y Queipo de Llano.

Una de las obras de más valor artístico de la Academia, el cuadro de Morelli ‘La carga de Treviño’ fue rescatada por varios cadetes, quienes, en un acto desesperado por impedir que el enorme lienzo fuese pasto de las llamas, cortaron parte del mismo y lo lanzaron por el balcón. En la actualidad, el restaurado cuadro preside el salón de la Academia de Caballería de Valladolid.

La batalla de treviño se conserva en la Academia de Caballería de Valladolid. El óleo, de 3,90 x 6,40 metros, fue medalla de bronce en la Exposición General de Bellas Artes de 1897

La batalla de treviño se conserva en la Academia de Caballería de Valladolid. El óleo, de 3,90 x 6,40 metros, fue medalla de bronce en la Exposición General de Bellas Artes de 1897

“Pero el momento quizá más emocionante”, consideraba el ABC, “fue cuando el teniente Sr. Valori, seguido por dos soldados, se lanzó resueltamente entre columnas de humo y llamaradas y salvó el estandarte”.

Por fortuna, el incendio no dejó heridos de gravedad. Sí fue, sin embargo, necesario evacuar a un militar que no se encontraba en la academia en ese momento: el teniente Clavijo, que se recuperaba de una enfermedad en su casa de la calle de Miguel Íscar, sufrió un ataque mientras contemplaba las llamas.

Estado del octógono después del incendio de 1915

Estado del octógono después del incendio de 1915

El mismo día 26 de octubre, con un incendio aún por controlar, el Ayuntamiento se reunió en sesión extraordinaria y concedió al alcalde facultades para disponer de lo que fuese necesario para la inmediata reconstrucción del edifico con el fin de evitar un posible traslado de la Academia. “La sola suposición de ello es acogida por todo Valladolid con profundo disgusto”, rezaba la prensa al término del pleno.

Muchos de los alumnos fueron cobijados en el Asilo de Huérfanos; otros, incluso, en casas particulares. La ciudad entera se volcó en paliar, en lo posible, los daños del incendio para mantener la Academia en Valladolid.

Dos días después, el 28 de octubre, llegó el esperado mensaje de tranquilidad: el Ministro de la Guerra, General Echagüe, comunicaba al Senador por Valladolid la intención expresa del Rey de conservar el Colegio Militar en la misma sede.

Seis años después de aquella fatídica noche, el 4 de mayo de 1921, la reina Victoria Eugenia colocaba la primera piedra de la actual Academia de Caballería de Valladolid.

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