Arte y Museos

La Academia de Caballería de Valladolid

18 abril, 2016

En pleno centro de Valladolid se encuentra, imponente, la única Academia de Caballería en España. En sus pasillos y aulas más de 100 cadetes se inician, cada año, en la carrera militar. A su alrededor, turistas y vecinos buscan el mejor encuadre del solemne edificio. Algunos se adentran para conocer su museo: uniformes, armamento, condecoraciones o una máquina Enigma original forman parte de sus fondos.

El nombre completo de la escuela, dato desconocido para muchos visitantes, es Acuartelamiento General Shelly.

Historia de la Academia

El espacio que hoy ocupa la Academia de Caballería fue, entre 1847 y 1915, emplazamiento de un edificio conocido como ‘El octógono’ por la forma de su planta.

Fue levantado fuera del municipio para servir de prisión, pero el rápido crecimiento de la ciudad pronto lo fagocitó. Ya con ‘el octógono’ dentro de la villa, se tomó la decisión de trasladar la cárcel al Monasterio del Prado; determinación que aprovechó el director del Arma Ricardo Shelly para proponer el traslado de la Academia de Caballería a Valladolid. En 1852 el ‘Octógono’ abría sus puertas a los 39 cadetes de la primera promoción vallisoletana.

En 1915 un incendio arrasó durante tres días el edificio octogonal. La ciudad al completo se volcó para mantener la escuela militar: el Ayuntamiento se reunió en sesión extraordinaria y concedió al alcalde facultades para disponer de lo que fuese necesario para la inmediata reconstrucción del edifico para evitar el traslado de la Academia – “La sola suposición de ello es acogida por todo Valladolid con profundo disgusto”, rezaba la prensa al término del pleno-, mientras que los vecinos acogieron a los alumnos en casas particulares.

Seis años después, el 4 de mayo de 1921, la reina Victoria Eugenia puso la primera piedra del actual acuartelamiento.

El Octógono de Valladolid

El Octógono de Valladolid

Ecléctica fachada

El edificio de la Academia, ecléctico e historicista, mezcla de arquitectura militar y elementos renacentistas, logra, pese a la incorporación de varios estilos, un efecto armonioso de enorme representatividad urbana.

En su fachada, que encara el paseo de Zorrilla, destacan tres torres –a los extremos y en su centro, sobre la puerta de acceso principal- y las insignias de las cuatro órdenes de caballería históricas (vista de frente, de izquierda a derecha: Montesa, Santiago, Alcántara y Calatrava).

El arquitecto Adolfo Pierrad se inspiró en los palacios castellanos del Renacimiento, en especial en el Palacio Monterrey de Salamanca. La propia fachada, desde su diseño hasta el material predominante, la piedra arenisca –traída de la provincia charra- remite al caserío señorial de la ciudad universitaria.

Custodia la entrada principal el Monumento al Regimiento de Cazadores de Alcántara (Regimiento de Caballería Acorazada Alcántara nº10), obra de Mariano Belliure inaugurada en 1931. El boceto original (conservado en el Museo del Ejército) contempla un diseño de mayor tamaño, que no pudo llevarse a cabo por problemas de financiación.

Cinco jinetes representan los institutos de los que Alcántara ha formado parte. El monumento, propiedad del Acuartelamiento, fue financiado por los propios oficiales y elaborado con bronce obtenido de cañones enemigos.

Recorre su interior

Un óleo de Cusach, retrato del Apóstol Santiago, patrón de la Caballería española, recibe al visitante. Curiosa es la técnica empleada por el ducho artista, que decidió pintar un caballo de escasa calidad para resaltar la figura del santo. El lienzo es la antesala al Salón de actos, la estancia más noble de la Academia. En su techo se repiten las insignias de las cuatro órdenes militares de Caballería, acompañados aquí por las armas de los Borbones y el antiguo escudo de Valladolid.

La estancia está presidida por un cuadro de enorme formato que representa la batalla de Treviño. Es, además, un cuadro empapado de historia: se cuenta que, durante el incendio de 1915, un joven cadete lo salvó a costa de cortar parte del mismo y lanzarlo por el balcón. De las paredes laterales cuelgan copias de los retratos de antiguos directores generales de Caballería (los originales se encuentran en el Museo del Ejército).

Aunque las aulas y los picaderos no están abiertos al público, sí puede visitarse el guardanés de la Academia de Valladolid y su colección de sillas de montar. Un recorrido a países como Estados Unidos, México, Líbano, Italia, Hungría o Portugal –por supuesto, España- a través de monturas típicas de cada territorio y, cómo no, las reglamentarias del Ejército español.

Su curioso museo

El museo de la Academia de Caballería atesora una completa colección de armas, uniformes, fotografías o documentación. Entre sus miles de referencias destaca una pieza casi imposible de ver en España, una auténtica máquina Enigma, las empleadas para el cifrado de mensajes durante la Segunda Guerra Mundial.

Su primera estancia, la Sala Alférez Trobo, reúne objetos empleados desde el pasado siglo XX: máscaras antigás, cascos, lanzagranadas, aparatos tomográficos, granadas, proyectiles o municiones. Da acceso a la Sala Cabo Mur, bautizada así en recuerdo del laureado cabo de los Húsares de la Princesa, pero conocida como la sala del armamento español. Como curiosidad, su lámpara central está compuesta por sables reglamentarios, igual que la que cuelga de la Sala Sargento Chover, la dedicada a armamento de otros países (con especial representación del periodo de la Segunda Guerra Mundial y con fusiles míticos como el K-47).

Las piezas más emblemáticas descansan en la Sala de Honor: el antiguo estandarte del centro, bordado por la reina Victoria Eugenia, el mismo que besaron los caballeros alféreces desde 1940 y hasta 1983; o la Gran Cruz de San Fernando que se le concedió al general Diego de León antes de ser fusilado.

El Museo de la Academia de Caballería de Valladolid muestra, también, miniaturas de soldados de plomo, uniformes tan vistosos como los que pertenecieron a los decimonónicos Húsares de la Princesa, prendas usadas por los destacamentos en países desérticos, una entrañable colección de objetos para el recuerdo (condecoraciones, fotografías) o los cerca de 16.300 volúmenes que descansan en su biblioteca (con ejemplares tan antiguos como De re militari, fechado en 1565).

Recuerdos de Díaz de Mendivil

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3 Comentarios

  • Reply Academia 5 agosto, 2016 at 14:36

    Muy bonita academia! Se puede visitar?

    • Reply administrador 8 agosto, 2016 at 07:20

      Buenas! Gracias por tu comentario. Sí, puedes hacer una visita guiada, reservando tu entrada en la Oficina de Turismo en la Acera Recoletos. Cuesta un euro y el recorrido es por diversas estancias del edificio como el salón de actos, el Museo propiamente dicho, la zona dedicada al Museo del Caballo y la Biblioteca. Estas visitas guiadas se realizan los viernes de agosto y septiembre a las 11.00 horas.

      Espero que disfrutes de este precioso edificio y su historia.

  • Reply A LAS PUERTAS DE VALLADOLID – My Style 50 9 febrero, 2019 at 11:04

    […] y disfrutar de la fachada de arenisca y granito de la Academia de Caballería de principios del XX http://www.info.valladolid.es/blog/academia_de_caballeria/ . del que destacamos su equilibrada composición y las tres torres milimétricamente colocadas […]

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